Este 1° de abril se cumplen 102 años de un episodio que quedó grabado en la memoria colectiva de la región: el encallamiento del vapor Monte Pasubio en las costas locales, un suceso que con el tiempo daría origen a uno de los sectores balnearios más reconocidos de Quequén.
Desde el área de Museos del Parque Miguel Lillo recordaron la efeméride y compartieron detalles de aquel acontecimiento ocurrido en 1924, cuando la imponente embarcación de bandera italiana quedó varada tras enfrentar un violento temporal.
El Monte Pasubio, comandado por el capitán Caetano Maresca, era un barco de casco de hierro y cerca de 3 mil toneladas de desplazamiento. Durante su travesía, la tripulación debió soportar una fuerte galerna proveniente del sud-sudeste. En un intento por escapar del temporal, la nave se aproximó a la costa sin lograr su objetivo.
Hacia las 17 horas de aquel día, ya frente a las costas del partido de Lobería, decidieron capear la tormenta. Sin embargo, las condiciones climáticas empeoraron drásticamente y el viento se intensificó hasta adquirir características de huracán. Finalmente, cerca de las 22 horas, el buque fondeó, pero terminó encallando en la costa.
Con el paso del tiempo, la embarcación fue desguazada, aunque aún hoy, en momentos de marea baja, pueden observarse restos como el eje y las palas de la hélice, vestigios silenciosos de aquella noche dramática.
El episodio no solo dejó huellas materiales, sino también humanas: algunos de los tripulantes decidieron radicarse en la zona, donde formaron sus familias y se integraron a la comunidad local.
La silueta del Monte Pasubio, visible durante años en la costa, terminó por convertirse en un símbolo del lugar y dio nombre a un sector del balneario de Quequén, que con el tiempo se transformó en uno de los más visitados de la región.
A más de un siglo de aquel suceso, la historia del barco encallado sigue viva, formando parte del patrimonio cultural y la identidad de toda la comunidad.