Este 10 de junio se cumplen 30 años de uno de los episodios más recordados de la historia marítima local: el hundimiento del buque Pesuarsa II, una embarcación que con el paso del tiempo se transformó en parte del paisaje y de la memoria colectiva de Quequén.

La efeméride fue recordada por el área de Museos del Parque Miguel Lillo, que en su habitual repaso por los hechos históricos destacados de la región rememoró el acontecimiento ocurrido el 10 de junio de 1996.

Aquel día, el Pesuarsa II se hundió en el sitio de amarre Nº 11 del Puerto de Quequén, quedando escorado unos 135 grados y generando un importante operativo posterior para su recuperación. Durante casi dos años permaneció en esa condición hasta que, en 1998, fue reflotado por la empresa de salvamento Raúl Negro y Compañía.

Tras su rescate, la embarcación fue remolcada y varada en la playa de Bahía de los Vientos, al norte de Quequén. Lo que inicialmente parecía una solución transitoria terminó convirtiéndose en una de las postales más emblemáticas de la costa local.

Durante 17 años, la silueta del Pesuarsa II permaneció visible frente al mar, atrayendo la atención de vecinos, turistas, fotógrafos y amantes de la historia marítima. Su presencia se integró de tal manera al entorno que pasó a ser un punto de referencia ineludible para quienes visitaban la zona.

Sin embargo, el paso del tiempo y la permanente acción del mar fueron deteriorando su estructura. Finalmente, en agosto de 2015, el casco colapsó como consecuencia del embate de las olas y sus restos quedaron sumergidos bajo las aguas. Desde entonces, apenas una pequeña parte de la embarcación permanece visible en determinados momentos, como testimonio de lo que fue aquel gigante de hierro que durante años dominó el paisaje costero.

Tres décadas después de su hundimiento, el recuerdo del Pesuarsa II continúa vigente en la memoria de la comunidad.