Un 1º de marzo de 1928 quedó grabado en la historia de Necochea con la inauguración del primer pabellón de la Colonia Marítima, una iniciativa sanitaria y social que marcó una época y consolidó el vínculo entre la ciudad balnearia y la Capital Federal, lo que actualmente se conoce como el Hogar de Ancianos “Alejandro Raimondi”.
Aquel día, la entonces denominada “Colonia Marítima de Niños Débiles” abrió formalmente sus puertas con la llegada de un contingente de 180 chicos provenientes de Buenos Aires. Los pequeños arribaron acompañados por el doctor Leopoldo Bard y por el director del Hospital Tornú, el doctor Alejandro Raimondi, quienes encabezaron la delegación y respaldaron institucionalmente el proyecto.
La creación de la colonia respondió a una concepción sanitaria muy difundida en las primeras décadas del siglo XX: aprovechar los beneficios del aire marino y el clima costero como parte de tratamientos destinados a niños con problemas de salud o contextura física debilitada. En ese marco, Necochea fue elegida como escenario ideal para promover la recuperación y el fortalecimiento de chicos de la Capital Federal, quienes encontraban en el mar, el sol y la vida al aire libre un complemento terapéutico fundamental.
La apertura del establecimiento no solo representó un hito médico y social, sino también un acontecimiento para la comunidad local, que vio llegar a una masiva delegación de niños y profesionales en un contexto de crecimiento urbano y consolidación de la ciudad como destino turístico y sanitario.
Con el paso de las décadas, la función original de la colonia fue transformándose. Hoy, próxima a cumplir el centenario de su inauguración, la imponente estructura ubicada en las manzanas comprendidas entre Av. 2 a calle 4 y Av. 75 a 71 lleva el nombre de “Alejandro Raimondi”, en homenaje a quien fuera uno de sus principales impulsores.
Actualmente, el edificio ya no funciona como colonia infantil, sino como hogar de ancianos, bajo la órbita del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Así, aquel espacio que nació para albergar y fortalecer a niños capitalinos continúa cumpliendo una función social, adaptado a nuevas necesidades pero conservando el valor histórico y simbólico que lo convirtió en parte del patrimonio necochense.