Un 24 de febrero de 1929 comenzaba a tomar forma una obra que marcaría un antes y un después en la historia urbana de Lobería, una de las localidades vecinas de Necochea. Así lo recordó este martes el Área de Museos del Parque Miguel Lillo en su tradicional espacio dedicado a las efemérides locales y regionales.
Según el repaso histórico, en esa fecha, en el despacho del oficial mayor del Ministerio de Obras Públicas de la Provincia de Buenos Aires, se llevó a cabo la apertura de las propuestas presentadas en el marco de la licitación pública para la ejecución de nuevas obras de pavimento de hormigón armado en Lobería.
El llamado a licitación representaba mucho más que un trámite administrativo: era el paso decisivo hacia la modernización de la infraestructura urbana. En una época en la que gran parte de las calles eran de tierra y sufrían las inclemencias del clima, el avance del pavimento significaba progreso, mejores condiciones de circulación y un impulso para la actividad comercial y social.
La incorporación del hormigón armado como material de obra respondía a los estándares técnicos de la época y evidenciaba una apuesta por soluciones duraderas, pensadas para acompañar el crecimiento sostenido de la localidad. Con el correr de los años, esas primeras cuadras pavimentadas se convertirían en el cimiento de un entramado urbano cada vez más consolidado.
Desde el Área de Museos destacaron la importancia de rescatar estos hitos que forman parte de la identidad regional, no solo como datos históricos, sino como testimonios del esfuerzo colectivo y de las decisiones políticas que contribuyeron al desarrollo de las comunidades del sudeste bonaerense.
A casi un siglo de aquel proceso licitatorio, la obra pública continúa siendo un factor clave en la transformación de las ciudades, y recordar sus orígenes permite valorar el camino recorrido por Lobería en materia de infraestructura y crecimiento.