Tras un arduo proceso de entrenamiento, cuidados y evaluaciones sanitarias, la elefanta Kenya del Ecoparque de Mendoza (ex zoológico) está en la fase final para emprender su viaje hacia el Santuario de Elefantes en Brasil, un espacio de más de 1500 hectáreas en el estado de Mato Grosso.
La preparación de Kenya comenzó en 2017 con entrenamientos, revisiones veterinarias y obtención de muestras para el Certificado Veterinario Internacional para que pueda afrontar el viaje de cinco días con el mínimo estrés posible, informó el Gobierno de Mendoza.
“El santuario en Mato Grosso está diseñado específicamente para elefantes, en un ambiente mucho más acorde para su adaptación y bienestar”, explicó la ministra de Energía y Ambiente, Jimena Latorre, de hecho, vale recordar que allí fue traslada hace algunos años la elefanta Mara cuya historia tiene un vínculo directo con Necochea, ya que fue la protagonista de las primeras ediciones de los Festivales Infantiles y se convirtió en su símbolo.
Kenya recorrerá 3.600 kilómetros en un contenedor especialmente diseñado para elefantes, en cumplimiento con las normativas internacionales de CITES, que dan pautas estrictas para el transporte de animales vivos.
Durante el traslado, solo tres personas tendrán contacto directo con la elefanta, ya que la prioridad es que esté tranquila y se sienta acompañada: Scott Blais, fundador del santuario, la veterinaria experta Trish London y el entrenador Flores.
¿Qué es de la vida de Mara?
En 2020, mientras millones de personas permanecían encerradas en sus casas para protegerse de la pandemia, la elefanta Mara dejaba atrás su vida de encierro para emprender el camino a la libertad. El sábado 9 de mayo de 2020, salía del Palacio de los Elefantes en el Ecoparque de Buenos Aires, mientras sus cuidadores la despedían entre lágrimas. Después de 109 horas y 2.700 km de ruta, Mara iniciaba su nueva vida en el Santuario de Elefantes de Brasil (SEB), en plena Chapada dos Guimarães, en el estado de Mato Grosso.
Scott Blais, uno de los mayores expertos en elefantes del mundo y creador, junto con su esposa Kat Blais, del Santuario de Brasil, contó un año después cómo fue la adaptación: “Mara se adaptó a su nueva vida en el santuario con facilidad. Por primera vez vive en un mundo en el que puede ser quien es, instintivamente, como un elefante. A los pocos días de su llegada, ya exploraba el hábitat y construía amistades que se hacen más fuertes cada día. Mucha gente se sorprende por la facilidad con la que se adaptan los elefantes después de haber estado en zoológicos o circos. Pero la adaptación más difícil fue cuando la tomaron en cautiverio, sobrevivir al confinamiento desde joven, sin otros elefantes. La vida en un santuario tiene menos que ver con la adaptación y más con la asimilación a lo que es y siempre ha sido su verdadera naturaleza”. Eso no significa, sin embargo, que pueda recuperarse rápidamente del trauma producido por décadas de cautiverio.
Scott consideraba que, a un año de su traslado, Mara era “una nueva elefanta”. Más allá del contacto con la naturaleza, uno de los cambios más importantes es la relación con otras elefantas asiáticas como Rana, su primera amiga, y Bambi, que se incorporó después. “Mara y sus amigas –continúa Scott– son más discretas durante el día, suelen tomar siestas a la sombra o de pie junto al estanque. Por la noche, comienzan una nueva vida. Todos los elefantes exploran y pastan en las frescas temperaturas nocturnas, íntimamente conectados con el mundo que los rodea. Con frecuencia, sus retumbos y trompetas se pueden escuchar haciendo eco a través de los valles mientras celebran su vida juntos o simplemente para comunicarse con sus amigos”.