Cada 3 de agosto, Quequén celebra un nuevo aniversario de su fundación. Sin embargo, la fecha también guarda otra efeméride menos conocida y de enorme trascendencia histórica: el 3 de agosto de 1906 fallecía en el penal de La Plata Francisca Rojas, la mujer protagonista de un caso policial ocurrido en la localidad que cambió para siempre la forma de investigar los crímenes.
Todo comenzó el 29 de junio de 1892, cuando la entonces pequeña población de Quequén quedó conmocionada por un hecho estremecedor. Francisca Rojas, de 27 años, apareció con un profundo corte en la garganta, mientras que sus hijos, Ponciano, de 6 años, y Felisa, de apenas 4, habían sido brutalmente asesinados en su vivienda.
En un primer momento, Rojas acusó a un vecino llamado Pedro de haber cometido el crimen. Sin embargo, la investigación dio un giro inesperado cuando desde La Plata llegó una orden inédita para la época: buscar y analizar las huellas dactilares que el autor pudiera haber dejado en la escena.
El trabajo estuvo encabezado por el comisario inspector Eduardo Álvarez, quien recurrió al sistema que comenzaba a desarrollar Juan Vucetich, el pionero de la identificación mediante huellas dactilares. La prueba resultó concluyente: la marca ensangrentada encontrada en una puerta pertenecía a la propia Francisca Rojas y no al hombre que ella había señalado.
Acorralada por la evidencia, la mujer terminó confesando que había asesinado a sus dos hijos. El caso se convirtió en un hito sin precedentes, ya que fue la primera condena en el mundo basada en una prueba obtenida mediante huellas dactilares, marcando el nacimiento de una herramienta que transformaría para siempre la investigación criminal.
Rojas permaneció detenida hasta su muerte, ocurrida el 3 de agosto de 1906, una fecha que, curiosamente, coincide con el aniversario de la fundación de Quequén.
Así, entre los capítulos más importantes de la historia de la localidad no solo aparece su crecimiento a la vera del río y su posterior desarrollo portuario. También quedó escrito un episodio trágico que trascendió las fronteras argentinas y colocó a Quequén en los libros de historia de la criminalística mundial.