Cada jornada, el área de Museos del Parque Miguel Lillo invita a recorrer distintos capítulos de la historia local a través de su espacio de efemérides. En esta oportunidad, el recuerdo se detiene en una de las obras más emblemáticas que tuvo el distrito: el Puente Ignacio Ezcurra, inaugurado un 26 de junio de hace 55 años y convertido, en apenas una década, en un verdadero símbolo de la conexión entre Necochea y Quequén.
El Puente Ignacio Ezcurra fue inaugurado el 26 de junio de 1971 y presentaba características que lo hacían único. Una de ellas era la pronunciada curva en el extremo del lado quequenense, diseñada para adaptar la estructura del antiguo puente ferroviario existente en ese sector.
Además, la obra contaba con una leve inclinación que permitía el paso de embarcaciones de mediana escala por debajo, una solución de ingeniería que respondía a las necesidades operativas del puerto. A propuesta del Rotary Club de Necochea, el puente recibió el nombre de Ignacio Ezcurra, periodista del diario La Nación desaparecido durante la guerra de Vietnam.
Fue el último de los puentes construidos sobre el río Quequén Grande en la zona portuaria y, durante los casi diez años que permaneció en funcionamiento, agilizó notablemente el tránsito entre la zona balnearia de Necochea y Quequén. Con el tiempo, también pasó a integrar un atractivo circuito turístico que, tras su desaparición, nunca volvió a recuperarse.
Sin embargo, su historia tuvo un desenlace inesperado. Las intensas lluvias que afectaron a la región a mediados de abril de 1980 provocaron una histórica crecida del río y, el 29 de ese mes, el Puente Ezcurra se desplomó ante la mirada de numerosos vecinos.
La edición del día siguiente de Ecos Diarios describía aquel episodio como un momento dramático y cargado de emoción, señalando que “el impacto generó la tristeza y el desánimo entre todos los que presenciaron la tragedia”, ocurrida alrededor de las 16:30, marcando el final de una obra que había transformado durante una década la vida cotidiana y la comunicación entre ambas ciudades.
A 55 años de su inauguración, el Puente Ezcurra continúa ocupando un lugar especial en la memoria colectiva de necochenses y quequenenses, como una obra que marcó una época y cuya historia sigue siendo parte del patrimonio e identidad del distrito.