Este lunes 6 de julio se cumplen 20 años del asesinato de Alfredo Marcenac en el barrio porteño de Belgrano. El joven necochense fue víctima fatal de una balacera disparada por Martín Ríos, en un caso que conmocionó a todo el país.

A las 16.45 del 6 de julio de 2006, sobre Cabildo, entre La Pampa y José Hernández, Martín Ríos sacó su pistola y en calma, según describieron los testigos, comenzó a disparar contra la multitud que a esa hora caminaba por allí. Fueron al menos 13 disparos; tres le arrebataron la vida al joven necochense que estudiaba en esa ciudad…cosas inexplicables del destino, le tuvo que suceder a él.

Ríos caminaba por Belgrano como si lo hiciera en una selva. Él era el cazador. Usaba su arma como si fuera el control de un videojuego. Lo detuvieron una semana después en Munro, de casualidad, cuando él se bajó del auto que le había sacado a su madre para orinar a un costado de la ruta. Los policías bonaerenses le encontraron el arma usada en el crimen y las pericias balísticas confirmaron que con esa arma no sólo había sido el autor del crimen de Marcenac, sino también de otros tres ataques a balazos: a un colectivo -donde hirió a dos pasajeros- con dos heridos, a una confitería con una adolescente baleada y a un tren en movimiento.

Ríos vivía en Cramer a 2100, en Belgrano, donde ocurrieron todos los hechos. La prensa lo llamó “El loco de Belgrano” o el “tirador serial de Belgrano. En dos juicios orales de 2009 y 2014 fue declarado inimputable, y en ambos se llegó a la misma conclusión: Ríos es un psicótico que no comprendió la criminalidad de sus actos ni dirigió sus acciones y, por lo tanto, fue absuelto y recluido en un psiquiátrico por ser peligroso para sí y para terceros. Ahora tiene 47 años y está en el sector Prisma de la cárcel de Ezeiza. Uno de los peritos declaró que Ríos “no distingue entre estar jugando con una PlayStation tirándole a los pajaritos y estar en la calle matando gente”.

En Necochea, se hizo en simultáneo una marcha mutitudinaria en el centro de la ciudad, encabezada por los padres del joven “Freddy”, Adrián y Mónica, para exigir justicia. La placita que está ubicada en el Centro Cívico, en 58 y 61, llamada “Plaza por la Paz” lo recuerda.

Mónica Bouyssede y Adrian Marcenac

A poco tiempo del crimen, se fundó la Asociación Civil Alfredo Marcenac, creada por los padres del joven necochense, la cual se transformó en un referente de la búsqueda de paz desde lo educativo e institucional y de la lucha por el desarme y la resolución pacífica de los conflictos.

“Queremos recordar que las armas son un gran negocio y el lobby de los armistas es muy fuerte. Hasta el crimen de Alfredo no había control de las armas de fuego ni control sobre los usuarios en nuestro país. Se ha avanzado mucho y falta todavía por hacer, pero el camino no es la flexibilización. El Estado debe ejercer de forma responsable y firme, un fuerte control. Sólo así estaremos más seguros y evitaremos crímenes como el de nuestro hijo”, decían Mónica y Adrián hace un par de años.

El año pasado, desde la Asociación, expresaron la siguiente reflexión, que sigue muy latente:

“Duele el disparo,
Duele la violencia desatada
Duele la ausencia,
Duele el olvido
El 6 de julio de 2006 Fredy fue asesinado por un legítimo usuario de armas de fuego a quien el Estado no controló. Casi 20 años después el escenario se repite: armas semiautomáticas al alcance de la mano, acceso a las armas a partir de los 18 años y ausencia de controles por parte del Estado. La violencia social está creciendo, la cantidad de armas también. La seguridad de nuestros hijos está en riesgo. ¿Cuántas muertes por las armas de fuego estamos dispuestos a aceptar para hacer algo?”.

Hoy, a dos décadas del trágico suceso, la lucha de la familia Marcenac sigue más presente que nunca, manteniendo viva la memoria de “Freddy” en cada acto y ceremonia donde se hace un llamado a la paz, y a evitar la conflictividad social.

Mónica Bouyssede de Marcenac
Lucía Marcenac