Hace poco tiempo, los trabajadores del Hospital Neuropsiquíatrico Domingo José Traborelli, supieron que el hombre al que todos llamaban Jorge, era en realidad Gabriel Coll.
Había llegado a Necochea en el año 2005 y como no sabe hablar y no tenía documentos lo llevaron al Hospital Neuropsiquiátrico. Allí iniciaron un expediente para solicitar un documento de identidad y, al enviar las huellas digitales al Ministerio de Seguridad, lograron finalmente descubrir su verdadera identidad.
La historia llegó a los medios nacionales y una cuñada lo descubrió en una foto del diario La Nación. La compartió en el grupo de whatsapp de la familia y se dieron cuenta que era él, al que habían dado por muerto hacía años.
El sábado llegaron todos a Necochea y pasaron la tarde con él en el hospital. Gabriel no puede hablar pero cuentan que estaba emocionado y con la respiración acelerada. Besó a su hermana a quien reconoció inmediatamente.
Gabriel tiene alrededor de 25 sobrinos de entre 20 y 50 años, uno de ellos se llama justamente Gabriel por su tío, a quien sólo conoció cunado era chico.
Su familia pudo reconstruir la historia de este hombre del que hasta poco nada se sabía.
Nunca pudo hablar, tenía 13 hermanos de los que hoy sólo quedan vivos 5; en el 69 se mudaron a Sierra de los Padres y trabajaron en el campo. Gabriel nunca fue a la escuela pero sabe dibujar muy bien. Era un joven inquieto que se escapaba y se iba a los campos linderos. Andaba con una gillette rompiendo silos bolsa y ahí empezaron los problemas. Los familiares cuentan que, ante las quejas de los vecinos, la policía les pidió que tomaran cartas en el asunto. Entonces se contactaron con unos primos de La Plata y lo internaron en el Melchor Romero.
En el 2000 un tío fue a visitarlo y le dijeron que se había escapado. Como no tuvieron más noticias de él lo dieron por muerto.
Creen que cuando apareció en Necochea en el año 2005, el intentaba volver a su casa de Sierra de los Padres. Allí vivían en una quinta llamada San Jorge, por eso es probable que Gabriel balbuceara el nombre Jorge cuando lo encontraron. Ese nombre fue el que le quedó en el hospital hasta que se conoció su verdadera identidad.
Sus familiares están sumamente agradecidos con el personal de hospital y han prometido no volver a dejarlo sólo.
Hoy Gabriel tiene 67 años y después de más de 20 años volvió a encontrarse con el amor de toda su familia, ese amor que seguramente estuvo buscando cuando se escapó de La Plata. Sin poder hablar ni escribir, él intentaba decir “Jorge”, el espacio en el mundo donde estaban sus raíces y su sangre. Esa que ahora ha vuelto, en una de las inexplicables curvas de la vida, cuando todo parecer que ya está escrito y sin embrago, todo vuelve a empezar.