La tarde del 29 de julio, un fuego del cual nunca se conoció el origen, hizo arder el edificio de la ex estación de trenes de Quequén destruyendo gran parte de las instalaciones y el poco mobiliario que aún quedaba en el lugar. Los bomberos llegaron y después de una ardua tarea lograron sofocar las llamas que ya habían alcanzado a destruir vidrios y parte del techo de teja inglesa de las oficinas que supieron albergar a los pasajeros y trabajadores en los años dorados del ferrocarril.
El dolor de los necochenses y quequenenses ante una nueva pérdida de los edificios que fueron parte de la historia y del patrimonio cultural, se vio expresado inmediatamente a través de las redes sociales y no tardaron en llegar las buenas ideas, con las mejores intenciones, para que la ex estación no caiga en el olvido. Un grupo de artistas comenzó a organizar un festival para recaudar fondos con el fin de recuperar el edificio.
Las vueltas de la burocracia y el tiempo que deja en el olvido los primeros impulsos, hicieron que este festival no pueda concretarse, entre otras, cosas porque se necesita una entidad que represente la iniciativa para poder recaudar el dinero y porque las tierras todavía pertenecen a la nación.
Antes del incendio estaba proyectado realizar allí una especie de centro cultural para la barriada que tanto necesita un espacio de convivencia y recreación, fundamentalmente para los más jóvenes. El intendente, Fa
cundo López había pedido a la empresa concesionaria Ferrosur que se haga cargo de la reparación del techo y se esperaba también por la respuesta a un subsidio que había solicitado el diputado provincial Roberto Rago.
Los tiempos y las urgencias de los estados son otros y hoy no es prioridad la reconstrucción de un edificio que, a parte de la devastación del fuego, siguió padeciendo a los vándalos que se llevaron cables y lo poco que quedaba.
Así está hoy la ex estación de trenes de Quequén, silenciosa, vieja, tiznada, con paredes cubiertas de hollín, sin techos, sin vidrios, sin puertas….La postal de lo que aún no pudo ser y tal vez nunca sea. Esos patrimonios de la historia que seguramente quedarán anotados en las nuevas páginas como otras tantas de las cosas que perdimos en el fuego.