¿Conocías esta historia que ocurrió en las aguas locales, por estos días, pero hace 62 años? La noche del 30 de septiembre de 1964 quedó marcada por uno de los temporales más violentos de aquella época y por una fuerte Sudestada que puso en jaque a varios barcos fondeados en la rada exterior de Puerto Quequén.

La fuerza del viento hizo garrear las anclas de las embarcaciones, que quedaron al garete y terminaron, en varios casos, encalladas. Entre ellas estaba el “Amaragy”, con 21 tripulantes a bordo, que quedó varado a media milla de Punta Negra. Aunque había quedado de proa frente al manto rocoso, la fuerte marejada lo bandeó de estribor y finalmente su destino fue el desguace.

Pero aquella noche también comenzó una historia que, con el paso de los años, se convertiría casi en una leyenda de las playas necochenses.

El “Esito”, un barco de bandera extranjera con casco de hierro, más de 78 metros de eslora y 27 tripulantes a bordo, quedó varado sobre la playa de Necochea, a unos 500 metros al sudoeste de la Escollera Sur. Se intentó rescatarlo en varias oportunidades, pero la arena comenzó a invadir su estructura y nunca se alcanzó la altura de marea necesaria para devolverlo al mar.

Los temporales continuaron deteriorándolo, aunque lejos de desaparecer rápidamente, el “Esito” se transformó en una verdadera atracción turística. Su silueta fue protagonista de cortos publicitarios y postales de las playas locales, mientras también se convirtió en un lugar frecuentado por pescadores de cangrejos.

Sin embargo, aquella particular postal también tuvo su costado trágico. Varios jóvenes que utilizaban la cubierta del barco como trampolín perdieron la vida al arrojarse al agua y golpear contra restos de la embarcación que permanecían bajo la superficie.

Y aquella misma noche, otro barco terminó varado: el “Aurea Conde”, de bandera brasileña y con 17 hombres a bordo, encalló de babor a unas seis millas del puerto, frente a Costa Bonita.

Una noche de temporal que dejó barcos sobre la costa y, especialmente en el caso del “Esito”, una historia que durante años formó parte del paisaje y de la memoria de las playas de Necochea.