Los integrantes de la masonería Jorge R. Constantino y José Canelles difundieron un documento en el cual describen momentos históricos del siglo XIX, la fundación de nuestra ciudad y la presencia de la Masonería. El comunicado señala lo siguiente: “Ante posibles cuestionamientos sobre la participación de la masonería en los orígenes de nuestra ciudad y sobre la pertenencia masónica de Mariano Necochea, resulta indispensable examinar los documentos y las referencias históricas que permiten esclarecer estos vínculos. Toda revisión de nuestro pasado debe apoyarse en un análisis crítico de las fuentes, con rigor y sin prejuicios. Para abordar el tema, corresponde atender a tres ejes fundamentales: la Logia Lautaro como estructura operativa, la pertenencia masónica de Mariano Necochea y la gestación plural del acta fundacional de 1881. También corresponde aclarar que la masonería no es un partido político. Es una institución que reúne a personas con distintas ideas y pertenencias políticas, sin que esa diversidad impida el diálogo y el trabajo en común. No es una escuela filosófica que exige adherir a una doctrina determinada, sino una escuela de filosofar: un espacio donde se examinan ideas, se plantean preguntas y se reflexiona sobre distintos temas de la vida y de la sociedad. Su propósito es promover el pensamiento libre, el intercambio de argumentos y la formación de un criterio propio. La masonería cultiva las virtudes del ser humano para que cada persona pueda ser mejor y contribuir a una sociedad más justa e inclusiva. Ese trabajo exige revisar nuestras propias conductas y procurar que nuestros actos estén a la altura de los principios que proclamamos. Nos guía el compromiso con el bien común, el respeto por los demás y la dignidad de cada persona. Nuestra mayor luz es la ética, y su valor se demuestra en lo que hacemos. Esta distinción resulta especialmente relevante para la ciudad de Necochea: reconocer la participación masónica en sus orígenes no significa atribuir su fundación a un partido político ni desconocer el aporte de vecinos que no eran masones. Significa reconocer esa participación dentro de una obra colectiva, en la que confluyeron personas con distintas convicciones.

1. La Logia Lautaro como estructura operativa y la pertenencia de Mariano Necochea

En primer lugar, es menester comprender la naturaleza de la Logia Lautaro, la cual funcionó como una sociedad de carácter patriótico e iniciático, con una sólida estructura operativa destinada a coordinar y dirigir las campañas de emancipación sudamericana bajo el liderazgo de José de San Martín. En ese marco, la adscripción masónica de Mariano Necochea se alinea con la oficialidad que conformó el Ejército de los Andes. Necochea no fue un actor secundario: fue uno de los jefes de caballería más condecorados de la independencia, protagonista en San Lorenzo, Chacabuco y en la gloriosa carga de Junín. Su pertenencia a la masonería está avalada por registros institucionales e históricos —tales como las referencias del Centro de Estudios Histórico Militares del Perú (CEHMP), que lo identifica como hermano masón y primer Venerable Maestro electo de la Logia Virtud y Unión Nº 3 en Lima—, consolidando su lugar indiscutido dentro de las redes de la orden.

2. El acta de fundación de 1881: impulso masónico, pluralidad y firmas

Sobre el acta fundacional de Necochea, fechada el 12 de octubre de 1881, las especulaciones sobre su supuesta ajenidad a la masonería chocan contra la contundencia material del documento original guardado en los archivos históricos. La fundación del pueblo no fue un hecho aislado, sino una empresa impulsada firmemente por masones de la época —en diálogo directo con el proyecto modernizador del gobernador Dardo Rocha— en conjunto con otros vecinos que no pertenecían al movimiento. Esa perfecta síntesis plural se evidencia en el propio texto: por un lado, se invoca explícitamente el principio universal del G∴A∴D∴U∴ (Gran Arquitecto del Universo), fórmula clásica de la masonería regular; por el otro, se contempla con absoluta tolerancia la petición de algunos vecinos de poner el pueblo bajo la advocación de «María S. del Carmen». Asimismo, esta dualidad y el ADN masónico de sus impulsores principales quedan sellados de forma gráfica en las firmas del acta: las rúbricas institucionales de figuras clave como Ángel Ignacio Murga y los demás pioneros reflejan los modismos y el uso de los símbolos tradicionales de la hermandad en los documentos de la época. A estos elementos documentales se suma una referencia artística conservada en el Museo de Necochea: una pintura que representa el acto de fundación de la ciudad, realizada por uno de los hijos de Román de Lucía. Fue Román de Lucía, el padre del autor de la obra, uno de los fundadores que firmaron el acta fundacional. En la pintura aparecen una escuadra y un compás, símbolos característicos de la masonería. Su presencia aporta un elemento significativo a la memoria visual de los orígenes de la ciudad y merece ser considerada junto con los documentos de época.

Conclusión

El debate sobre los orígenes de Necochea no debe simplificarse con negaciones acríticas ni con prejuicios ideológicos. La Logia Lautaro como estructura operativa, la trayectoria masónica de Mariano Necochea y la materialidad del acta de 1881 —impulsada por masones y vecinos en un marco de pluralidad y tolerancia, con firmas que así lo atestiguan— son hechos históricos innegables. Conocer nuestras raíces con rigor y sin sesgos antimasónicos es la única manera de honrar la verdad de nuestra historia”.   Por Jorge R. Constantino y José Canelles Miembros de la masonería Las opiniones expresadas en este artículo son personales.