Alumnos de entre 3 a 9 años del CEC n° 801 “Juana Azurduy” participaron del proyecto “Mural de Texturas”, una propuesta impulsada por Puerto Ciudad a través de su Subprograma de Artes Visuales, actividad coordinada por Pamela Klink y la Lic. Sofia Pollan.
Todo comenzó con una invitación simple: usar los sentidos. A través de una experiencia audiovisual centrada en aves del entorno, los alumnos descubrieron movimientos, sonidos, colores y formas que habitualmente conviven con ellos, aunque no siempre son percibidos de la misma manera. Todo ello funcionó como una puerta de entrada a una pregunta silenciosa: ¿cuántas cosas conviven con nosotros todos los días sin que realmente las percibamos? La curiosidad hizo el resto.
Después llegaron las hojas, los papeles, las texturas y los nidos. Pero lo importante no estuvo en los materiales ni en el resultado final. Estuvo en el recorrido. En la capacidad de transformar una observación en una idea, una idea en una creación y una creación en una experiencia compartida.
Puerto Ciudad es el programa de responsabilidad empresarial del Consorcio de Gestión de Puerto Quequén.
Mientras construían, los chicos intercambiaron miradas, esperaron turnos, colaboraron y encontraron distintas maneras de expresar lo que imaginaban. Sin buscarlo, fueron construyendo algo más que un objeto: fueron construyendo una experiencia común.
Allí aparece el verdadero significado de iniciativas como esta. No se trata solamente de hacer. Se trata de generar espacios donde las personas puedan descubrir, participar, crear y reconocerse parte de algo más amplio que ellas mismas.
Puerto Ciudad trabaja desde esa convicción. No como una sucesión de actividades aisladas, sino como una forma de construir vínculos duraderos entre el puerto, las instituciones educativas y la comunidad. Las ideas pueden replicarse. Los formatos pueden multiplicarse. Lo que resulta más difícil de reproducir es aquello que se construye con el tiempo: la confianza, la cercanía y la identidad.
Finalmente; el mural quedó instalado en una pared. Pero el resultado más importante probablemente haya quedado en otro lugar. En la posibilidad de que esos chicos vuelvan a mirar aquello que los rodea con mayor atención. Y eso, cuando ocurre, suele permanecer bastante más que una actividad.
Por consiguiente, cuando un territorio deja de ser un paisaje y comienza a sentirse propio, también empieza a construirse comunidad. Y esa construcción, silenciosa y cotidiana, es una de las razones por las que existe Puerto Ciudad.