La segunda noche del Festival Nacional de Folklore de Cosquín 2026 dejó un momento que rompió la previsibilidad del ritual y alteró el clima habitual de la Plaza Próspero Molina.
Minutos antes del tradicional “Aquí Cosquín”, un orador tomó la palabra y pronunció un discurso breve pero cargado de sentido político, que no tardó en generar interpretaciones inmediatas entre el público.
Sin mencionar nombres propios ni cargos, una frase se destacó por encima del resto y se volvió el eje de la conversación dentro y fuera del predio: “El político que se cree león pero es apenas una rata gritando desaforado”. El silencio inicial dio paso a aplausos y murmullos, en una reacción que dejó en claro que el mensaje había sido comprendido como una alusión directa al presidente Javier Milei.
El contexto no fue menor. La intervención ocurrió en uno de los momentos más simbólicos del festival, justo antes de la invocación identitaria que cada noche reafirma a Cosquín como capital cultural del folklore argentino.
Esa ubicación temporal potenció el impacto del mensaje y lo volvió imposible de desligar del clima social y político que atraviesa el país.
Una frase que quebró el clima
El tono del discurso fue sobrio, sin exaltaciones ni consignas explícitas. Sin embargo, la metáfora elegida resultó contundente. La contraposición entre la figura del “león” (el animal asociado públicamente al presidente por él mismo) y la imagen de una “rata gritando desaforada” funcionó como un golpe directo, difícil de interpretar de otro modo.
La frase fue pronunciada por Hugo Francisco Rivella, poeta y recitador vinculado históricamente al Festival Nacional de Folklore de Cosquín, con participación recurrente en los segmentos declamados que anteceden al “Aquí Cosquín”.
Reconocido dentro del ambiente folklórico por una impronta reflexiva y social en sus intervenciones, Rivella suele utilizar un lenguaje metafórico y crítico para abordar la realidad argentina, lo que volvió coherente, dentro de su trayectoria, una expresión que en esta edición 2026 adquirió una resonancia política inesperada.
La ausencia de nombres propios para nada atenuó el efecto. Por el contrario, reforzó la lectura colectiva de una crítica al ejercicio del poder, al estilo discursivo y a la forma de construcción simbólica del liderazgo presidencial.
La reacción del público, dividida entre aplausos firmes de muchos y gestos de incomodidad de algunos, reflejó esa tensión incluso en Córdoba, tal vez la provincia más afín a Milei en todo el territorio nacional.