Un amplio operativo de búsqueda continúa este jueves en el Atlántico, frente a la provincia de Río Negro, tras el naufragio de la lancha pesquera Heleno A. El siniestro dejó como saldo un tripulante desaparecido y cuatro marineros rescatados, quienes ya se encuentran fuera de peligro.
La embarcación había zarpado el miércoles por la noche desde el puerto de San Antonio Oeste con destino a Quequén, donde estaba previsto su desguace. Poco después de iniciar la travesía, mientras navegaba en convoy junto al pesquero Marina Z, el Heleno A sufrió fallas técnicas aún no precisadas y se hundió en cuestión de minutos.
Fue la tripulación del Marina Z la que dio el aviso de emergencia y logró rescatar a cuatro de los cinco compañeros. Tras el rescate, los sobrevivientes fueron trasladados a la Terminal de Servicios Portuarios Patagonia Norte, donde recibieron asistencia médica preventiva. Según el último reporte, todos se encuentran en buen estado general de salud tras los controles exhaustivos.
El operativo de rescate
La preocupación se centra ahora en el maquinista de la embarcación, cuya identidad se mantiene en reserva. La Prefectura Naval Argentina activó el protocolo SAR (búsqueda y rescate) en la zona del Golfo San Matías.
En el despliegue participan los guardacostas GC-69 “Río Paraná” y el GC-26 “Thompson”, apoyados por un avión de la Estación Aérea Comodoro Rivadavia y un helicóptero que realiza rastrillajes de superficie. A la búsqueda se sumaron además otros pesqueros que operaban en las inmediaciones.
Las autoridades informaron que las tareas continuarán activas mientras el clima lo permita, mientras que, en paralelo, se inició una investigación para determinar las causas del colapso de la nave.
Los riesgos de la actividad
Este episodio reflota el debate sobre la seguridad en el sector pesquero argentino. Entre 2000 y 2019, la actividad registró decenas de siniestros, muchos vinculados a la obsolescencia de las flotas o la exigencia de las travesías.
El caso evoca el trágico hundimiento del Repunte en 2017, que marcó un antes y un después en las normativas de seguridad, como la obligatoriedad de trajes térmicos y balsas dobles. En el Golfo San Matías, la baja temperatura del agua y el paso de las horas reducen las posibilidades de supervivencia, lo que vuelve crítica cada minuto de búsqueda.