Si uno recorre los portales de noticias, con frecuencia encontrará historias de personas que pierden la vida en siniestros viales: Argentina tiene uno de los índices más altos de mortalidad por accidentes de tránsito. Según las estadísticas, cada día mueren unas once personas en las calles y rutas del país.

El 46% de los siniestros suceden en rutas nacionales. Foto: Agencia Noticias Argentinas – Redes.
Trágico accidente en Ruta 33
Un estudio complementario del Instituto de Economía (INECO) de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) —realizado a base de 30 incidentes entre diciembre de 2023 y mayo de 2024— aporta detalles sobre dónde y cómo ocurren los accidentes. Las rutas y autopistas, donde la velocidad es mayor, concentran buena parte de los episodios más graves. En el Área Metropolitana de Buenos Aires, la autopista Panamericana aparece como la segunda autovía con más siniestros con víctimas, detrás de la avenida General Paz. El informe también señala que el carril izquierdo —el de mayor velocidad— es el más riesgoso: allí ocurrió el 61,5% de los incidentes, frente al 23,1% en los carriles centrales y el 15,4% en la vía lenta, de la derecha.
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La magnitud del problema también se refleja en la actividad del SAME en CABA: entre el 1° de enero y el 31 de julio de 2025, el servicio de emergencias a cargo de Alberto Crescenti atendió 10.534 incidentes de tránsito,asistiendo a un total de 12.351 pacientes. Esto equivale a un promedio de 1.764 personas por mes y 82 atenciones diarias.

“En Argentina hay analfabetismo vial”

Para los que crecimos en los años 90, la educación vial estuvo a cargo de la televisión. Cualquier persona de entre 35 y 40 años, recordará las propagandas de la Asociación Civil “Luchemos por la vida” que buscaban concientizar acerca de los riesgos de no usar casco o cinturón de seguridad y de conducir bajo los efectos del alcohol o a alta velocidad en la ruta. Una que fue muy popular, compilaba testimonios de distintos conductores que se jactaban de manejar rápido: “Buenos Aires – Mar del Plata: dos horas y media”; “Tranqui, a 120″; “El auto te pide: 140, 160. Lo que dé”.

En Argentina hay analfabetismo vial”, le dice a Infobae el psicólogo especialista en tránsito y capacitador vial, Ramiro Parsi. “La formación de los conductores está desactualizada. Se enfoca en aspectos normativos y legales del tránsito, pero no en habilidades como la inteligencia emocional o la gestión del conflicto. El resultado es una población que carece de herramientas para las exigencias que tiene el tránsito hoy. A eso hay que sumarle que, en nuestro país, siempre atravesamos un malestar social que, de una u otra manera, se termina expresando en el tránsito”, sigue el especialista que, además, es presidente de la Fundación Conducción Consciente.

Parsi advierte también que, en la actualidad, la decisión de habilitar a una persona para manejar suele quedar en manos de un médico y no de un psicólogo. A su juicio, esa mirada reducida deja afuera aspectos clave como la impulsividad, la intolerancia a la frustración o la tendencia a reaccionar con agresividad. “Todos esos factores podrían detectarse en una evaluación psicológica antes de otorgar o renovar una licencia. Entonces, si una persona tiene un perfil agresivo, ¿le damos el registro o no? ¿Se la reevalúa o se la reeduca? Hoy, las sanciones van apuntadas solamente a lo económico y no a lo educativo”, agrega.

De acuerdo con el doctor Federico Pavlovsky, médico psiquiatra, director de Dispositivo Pavlovsky, el nivel de agresividad de los conductores no está relacionado, como podría suponerse, con un cambio en el aparato psíquico individual de los argentinos. “Tiene que ver con una combinación de factores que habilita a responder de manera impulsiva y violenta ante situaciones mínimas. Por un lado, hay personas con un alto nivel de sinsentido y de desesperación que están como ‘jugadas’. No importa si están en situación de exclusión social o dentro del sistema: la están pasando tan mal que un incidente en la vía pública le da sentido a su día”, explica. “A eso hay que sumarle un porcentaje de la población que consume alcohol o que se automedica con psicofármacos u otras sustancias que producen sentimientos de irritabilidad o paranoides”, dice.

En sintonía con esto último, la psicoanalista Adriana Yechua —especialista en accidentología psicoanalítica y miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA)— aporta una mirada desde el psicoanálisis. Para ella, los factores externos como el alcohol o las drogas, además de escalar el nivel de violencia, “facilitan que exista un accidente, pero tiene que haber una situación interna que lo desencadene”.

La cuestión contextual y tecnológica no es menor: “Hay dos síntomas psicológicos que se observan cuando una persona está muy expuesta a pantallas: uno es la disminución de la empatía; otro es la desensibilización. En consecuencia, todo empieza a parecer ajeno y el otro deja de ser una persona. Además, estamos viviendo como si no existiera el mediano o largo plazo. Entonces, una calentura en una esquina escala a un nivel altísimo sin tener en cuenta lo que puede pasar a corto plazo. Hay muchas personas que salen a la calle esperando tener un conflicto”.

Con información de Infobae