¿Hay pique?

Llegan silenciosos, en auto, en bici o en moto. Sabiendo las mareas y olfateando el cardumen.

No importa la hora, entre ellos, se avisan “está saliendo pejerrey en la escollera”, “llegó la Lisa”….y ahí van.

Armados de una paciencia admirable, se sientan en sus banquitos, mate en mano, caña en otra y esperan el pique.

Pasan horas y se vuelven parte del paisaje, quietos, de pocas palabras, atentos al nylon resbalando en el índice o al movimiento del corcho.

La escollera, la pesca en el antepuerto que llaman “el Chorro”, en la costa para el lado del sur, en el rio, de embarcados y en lagunas de la zona.

En Necochea y Quequén siempre hay un lugar para pescar.

Soportan tempestades, fríos y calores agobiantes. A veces vuelven con el balde vacío, pero al otro día estarán allí de nuevo, con el tesón de los gallardos y la mirada fija en el horizonte.

Se dice que a veces mienten y exageran el pique, pero eso es parte de la leyenda. Como ellos, los pescadores, que son parte de nuestros paisajes.